Por: Andrés Kardona, c.social y periodista.
No importa si el día está gris o está claro. Lo realmente importante es llegar al centro de la ciudad de Medellín donde dicen la vida pasa más rápido, se ven más cosas y está la verdadera esencia de la gente paisa. Allá por uno de los costados de la estación Prado del Metro, parquean las busetas que esta vez nos llevarán directo al cielo. No son muy cómodas pero dan la mejor bienvenida que te hayan hecho alguna vez. El confort se siente cuando estás dispuesto a conocer la otra cara de tu territorio. Cuando estás seguro que hay algo más allá de lo que puedes contar.
Luego de varios minutos de espera, el conductor decide arrancar hacia el paraíso. Un destino que no está escrito en la Biblia y quizá el directorio no pueda indicar aún su dirección. Pero expertos en el tema, dicen que sólo basta abrir bien los ojos y sentir el olor de Manrique Oriental.
Es precisamente en el barrio más alto, donde los sueños también se cumplen y donde la gente te hace sentir como en casa. No hay limosinas, mansiones, ni restaurantes lujosos, pero sí hay miles de sonrisas de niños que juegan y el abrazo de una comunidad que te da la bienvenida como si fueras uno más de esta gran familia llamada Medellín.
Por estrechos caminos se llega a La Cruz. Un extenso terreno que ha sido habitado, en su mayoría, por personas desplazadas que encuentran allí la oportunidad de seguir adelante. Quizá no con excelentes condiciones, pero con la certeza que mañana será un día mejor. Aunque en varias ocasiones, el inestable suelo les haya jugado una mala pasada y de paso les presentara a su terrorífica amiga, la muerte.
Hacia el lado izquierdo de las puertas de La Cruz, hay un largo camino que conduce a la inocencia, la ingenuidad y el lugar donde muchos niños aprenden a vivir. Se trata de la Guardería Semilla de Paz, campo donde las semillas se siembran para algún día recoger sus frutos. Hasta allí han llegado dos chicas de la Universidad Pontificia Bolivariana, que al igual que yo, buscan conocer la vida desde otro punto. Buscan ver los problemas y desean dar soluciones, desde su trabajo, a una comunidad con ganas de hacer parte de esta gran ciudad. La misma que se ha caracterizado por su empuje y fuerza en los momentos más difíciles.
Una ciudad que ve crecer personas que quieren cambiar la calidad de vida. Una ciudad que merece ser ciudad porque es para todos. Una ciudad que desde ese rinconcito, tiene las escaleras más largas y más altas para subir al cielo.
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